Trabajar junto al abuelo Búho, hizo literalmente que volviera a mí. Reencontrándome con ese ser que quiero ser. Ese ser noble, que camina con el corazón puesto en los pies, que ofrenda y agradece. Porque los caminos del corazón como dice el abuelo no se equivocan. Y pues, así ha sido. Llegué a él, con mucha tristeza y otras cosas. Y en el reencuentro con la madre tierra, en su infinita generosidad que nos sostiene, desde las cosas simples y complejas, he ido sanando y construyéndome. El abuelo búho a mí no me ha abandonado y yo tampoco a él. Ha estado en todas mis etapas hace ya más de 10 años. Pero sin duda es él quien siempre está presente, siempre llamando, preguntando como estoy, como esta mi familia, en que estamos, como nos sentimos. Siempre entregando una frase honesta, un cariño sincero y algún tónico para estar mejor jajaja. Y siempre con la disposición a ayudar a otros personas que le he encomendado.
El camino de la guerrera como él me ha dicho, nos es fácil, un guerrero debe estar preparado para toda las batallas, para las luchas tanto externas como internas. Para encontrar la quietud en la tormenta, la calma, que de eso a mí me falta mucho. Agradezco infinitamente al universo 💜, al Padre Espíritu por haberme señalado el camino, por traerme de nuevo al rumbo. Me emociona profundamente que aún los humanos podamos tener fraternidad sin tener que otorgar nada a cambio. La vida es recíproca. Tu haces y todo se devuelve, instantáneamente, obrar con el bien… Siempre.
Sin duda, el Búho es un vigía que está ahí atento día y noche a nuestra recomposición. Gracias abuelo, te quiero mucho 💓